lunes, 29 de abril de 2013

Exijo que me devuelvan el Otoño


Mi huella ecológica no debe ser tan grande como la de la mayoría de ustedes. De lunes a viernes no uso automóvil ni transporte público; alterno entre mi pequeña moto y mi bicicleta. Así que al igual que cualquier gente del campo ajena a los excesos de la civilización progresista y emprendedora que en su día a día hace mucho a favor del calentamiento global y la consiguiente alteración del clima del mundo, merezco exigir que me devuelvan el otoño.



Estamos terminando abril y el sol se resiste a irse de por acá, eso es una bendición para los surfers y para la gente de D´onofrio, pero no para el resto. No es normal. Necesitamos que regrese el frío, cuanto antes.

Cuando se va el sol y baja la temperatura, afloran los sentimientos más profundos en el ser humano. Nos volvemos más reflexivos, menos libidinosos, más creativos, menos relajados. Volvemos a favorecer la actividad intelectual sobre la física. Cuando se va el sol y baja la temperatura, dejamos a un lado la exaltación de la carne bronceada y el hedonismo fatuo para devolverle al espíritu el lugar que el verano le arrebató. En conclusión: a diferencia de las latitudes ya acostumbradas a convivir la mayor parte del año bajo el sol abrasador, si a nosotros nos quitaran el invierno, falsamente entusiasmados nos volveríamos unos alegres monos copuladores con el culo al aire y eso no sería justo para nuestros ancestros que tanto hicieron para atreverse un día a bajar de los árboles para que empecemos a vivir con más decencia.



Algunos dicen que la gente bajo el sol es más feliz, de acuerdo. Pero hay que recordar que no se ve bien el tener cara de felicidad todo el tiempo porque la felicidad permanente es a mi parecer patológica y signo inequívoco de estupidez.



Así que exijo que se me devuelva el otoño. No puedo ponerme mi polo negro de Joy Division que mi amigo más dark me compró hace poco. No puedo ponerme mi casaca de astronauta, ni mi elegante sobretodo marrón porque el calor no se va. ¿Se vería bien en una foto, un novel escritor que quiera empezar a ganarse respeto vestido con bermudas y chancletas? 
Así que por favor, seres contaminantes del planeta, una vez más os los pido: devuélvanme el otoño.

jueves, 25 de abril de 2013

¿La solución al tráfico? Fácil: Más autos.



Si duplicamos o tripicamos el número de autos en nuestra ciudad en el menor tiempo posible, todos nos vamos a beneficiar.
Si abarrotamos las calles de autos, reduciremos la velocidad de los mismos a un tercio aproximadamente. Es decir, si tu promedio de velocidad era 60 kph en la ciudad, ahora podrás viajar tranquilamente a 20 kph, y aunque nos demoremos más en llegar a nuestros destinos, aumentaremos la seguridad para todos: menos choques, menos atropellos, menos muertes y menos stress para automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones.

En un atolladero de tráfico inducido, tendremos más tiempo libre dentro del auto para escuchar con tranquilidad más música que nos gusta, revisar y responder más correos con el smartphone, coquetear con el conductor o conductora de al lado, reclinarse un rato sobre el asiento y ocasionalmente hasta leer un libro de bolsillo, lo que nos haría a todos un poco más cultos.

Es cierto que los que no usan vechículos carburantes (propios o públicos) de 4 ruedas para trasladarse no tendrían este beneficio de comodidad, pero como consuelo podrán llegar a sus destinos con menos riesgo de ser atropellados por combis, camionetas, carros y demás. (Adiós SOAT).

Por eso quiero proponer oficialmente el Día de la Multiplicación de los Autos.

¿Cómo colaborar? Fácil: Vende tu auto a un precio cariñoso y cómprate un auto nuevo. Ahí en principio duplicaremos el parque automotor rápidamente. Si te da pena venderlo pero igual quieres participar en la cruzada, cómprate otro más.
En el Día de la Multiplicación de los Autos, todos los concesionarios venderán sus naves a casi la mitad de precio ya que el gobierno estimulará esta multiplicación suspendiendo por ese día -y solo por ese día- los impuestos a la compra y venta de vehículos.

Es cierto que con el tráfico multiplicado y ralentizado tendremos algunos problemas de estacionamiento, además de que bomberos, ambulancias y patrulleros no podrán desplazarse con la premura que requieren, pero si todos nos acostumbramos a vivir más lento, bajarán los niveles de stress para todos y como consecuencia nos darán menos ataques (adiós ambulancias), no saldremos apurados de casa dejando velas encendidas (adiós bomberos) y los ladrones, al ver que no podrán huir muy lejos en auto (adiós patrulleros), se dedicarán a otra cosa como la política, para lo que se ha demostrado que también tienen talento.

Día de la Multiplicación de los Autos,
voy despacio porque llevo prisa.

 

martes, 23 de abril de 2013

Chaba, un genio de la publicidad local




Chaba es el joven director creativo de una agencia de publicidad muy pequeña. La agencia tiene dos pisos, pero el ego de Chaba alcanza unos seis o siete. Y mucho se debe a que una vez inventó un comecial para un cliente que no tenía y lo envió a un festival internacional de publicidad. El chico ganó un trofeo de bronce y lo puso en la repisa que mandaron hacer especialmente en el directorio, para lucirlo a los clientes.


En una reunión con un cliente, Chaba va a presentar por enésima vez una campaña para el lanzamiento de la cerveza Tres Cruces.
En la idea previa, en el monte Calvario, Jesús hace un milagro y junto a los dos ladrones y a los soldados romanos termina tomando una caja de cerveza Tres Cruces, pero los ejecutivos de marketing de la cerveza la desaprobaron por las suceptibilidades religiosas que podía despertar el spot. Así que Chaba tenía una nueva oportunidad para demostrar su talento.

Chaba se levanta de su sitio en una esquina de la mesa del Directorio y mientras habla mueve sus brazos tatuados como espantando moscas.

- Bueno, cuento la idea: vamos a ver literalmente a tres cruces. Tres celebritis que van a vender nuestra cerveza. ¿quiénes son?-

-Tom Cruz, Penelope Cruz y Celia Cruz-

La practicante del equipo de marketing del cliente quiere ganarse por fin el contrato e interrumpe con agudeza:

-Tom Cruise es Cruice, no Cruz-

Chaba se defiende:

-pero suena a Cruz, esos detalles no los comprende la masa peruana, menos los cerveceros-

La practicante ya intervino, ahora prefiere volver a su "zona de confort" como observadora y sella su aporte con un  -“ah, ok, bueno”-.

Chaba continúa con la idea: -

- Es de noche. Hace calor. Tom solo en su casa decide llamar por teléfono a Penélope y le dice que la extraña, que extraña su cuerpo latino. Ella le canta “ya lo pasado pasado” de José José y le cuelga.
Tom triste y despechado, coje un vinilo de Celia Cruz y lo pone en su tocadiscos vintage. Saca de la refri una cerveza Tres Cruces para ahogar las penas.
Primer Plano a la botella, súper refrescante, heladita.
Tom la bebe, la escena se divide en tres partes. En la escena del medio aparece Penélope tomando también una Tres Cruces con actitud de superada. En la tercera escena, Celia Cruz en el cielo vestida de blanco sobre una nube también toma su cerveza.
Aparece slogan: Una cruz, Dos cruces, Tres Cruces.

Texto legal: tomar bebidas acohólicas en exceso es dañino. Toma moderado, no te cruces. (el “no te cruces” fue una idea del Director de Cuentas de la agencia que al Gerente de la misma le encantó)

Chaba se acomoda el polo marca Faite y se sienta.

Por gerarquía marcial opina la practicante, luego el asistente y luego el jefe de proyecto del lado del cliente. Conclusión: a nadie le gusta la idea, peor aún, es un bodrio pero el jefe de proyecto, haciendo uso de elegancia e inteligencia emocional dice que le gusta un poco pero no sabe si no le gusta mucho (?)

El gerente de marketing, Willi (alias Wiki) Barclay, hinchado dentro de un terno cuyos botones parecen a punto de reventar, sorprende a todos diciendo que a él más bien le parece buena idea.
Un silencio invade la sala mientras aparecen sonrisas discretas en la gente de la agencia de publicidad.
Así que el séquito de Wiki cambia la cara de asco por una de complacencia (no les cuesta mucho hacerlo, ya tienen experiencia en eso) y Chaba saca pecho.

Wiki Barclay dice -Aprobado pero hay un problema: a Penélope Cruz la contrato sin roche aprovechando la crisis europea y para Celia Cruz ubicamos una doble en Chincha, pero a Tom Cruise chicos...no lo vamos a contratar fácil, debe ser caríííísimo el chato y encima está con eso de la Cientología-

Chaba quiere salvar su idea y dice desesperado, -La Cientología lo deja actuar en comerciales pero hay que pagarle cientos de dólares, de ahí el prefijo “ciento” de la secta.-


El gerente de la agencia quiere callar a Chaba de una patada bajo la mesa y cree que otra de esas estupideces podría echarlo todo a perder, pero Wiki Barclay de pronto se ilumina, levanta la voz y suelta una idea por la que cree que él debería cobrarle a la agencia de publicidad y no al revés.

-¡Eureka!, (algunas personas todavía dicen ¡Eureka!)  perdonen la falta de modestia pero soy un maestro, yo debería ser el creativo… Escuchen: más barato nos va a costar bautizar a la cerveza como Dos Cruces en lugar de Tres. Dos Cruces no más. Así nos olvidamos de Tom. -¿Qué opinan chicos?- Se dirige a su equipo.

A la practicante le parece genial, al asistente divino y al jefe de proyecto estupendamente estupendo.


Chaba ahora es el que no está muy de acuerdo porque su idea sin Tom Cruise no funciona igual, se le va ir el caché y quiere salvarla diciendo.
- yo pienso que…- pero debajo de la mesa, el puntapié certero de uno de los brillantes Florsheim de su Gerente por fin lo silencia.  Así que todos contentos, idea aprobada, Dos Cruces ha nacido, Wiki Barclay se ufana de resolverlo todo al vuelo y en resumen, todo un éxito.

A Chaba le duele la canilla y sale cojeando del directorio pero muy airoso, como un héroe herido pero triunfante, además Tom Cruice tampoco le quita el sueño.
De auto-premio, al salir de la chamba se va a ir a comprar esas zapatillas de colores neón que le gustaron en Stereofónica. Chaba lo merece, es un genio de la publicidad local.


viernes, 19 de abril de 2013

-Yo soy post punk, - yo soy pof! pum!




Estábamos en una posición inusualmente cercana al escenario, a pesar de haber llegado casi a la hora que indica el boleto. El Estadio Nacional provoca mucho orgullo al mirarlo desde adentro, hasta casi me dan ganas de que me guste el fútbol, lo que ya es bastante. 

Había un variopinto público. Yo tenía a los míos a mi izquierda, y a mi derecha a un grupito de chicos y chicas con un look medio desubicado para el concierto de una banda post punk. Un look algo hiperproducido como para discoteca de Eisha. Podría asegurar que venían con entradas de cortesía y que si las estrellas de esa noche fueran The Cure, Tongo o una banda coreana de adolescentes, les daría absolutamente lo mismo.

Se apagan las luces. Empieza el concierto, la ovación es inmensa, me emociono como casi todos. Entre el humo de colores, Robert Smith, con el aspecto de una vieja que regresa a casa luego de una noche de farra, aparece y empieza a rasguear las notas de Open en su preciosa guitarra. El público vibra más. Hasta ahí todos felices.

De pronto a mi lado se desata el pogo. -¡Qué gente más punky!- pienso -hacer pogo con una canción tan suave...-  hasta que me doy cuenta de que no se trata de uno de mis bailes preferidos de los 80s, sino de una repartija de combos y patadas entre los chicos Eisha y un grupete del tipo racial más común de peruanos. Pitucos versus chacalones, Maldinis contra Gonzáles.

Tras ellos, la gente abre un hueco en la cancha que se vería desde los palcos como cuando caía una gota de detergente líquido sobre una olla de grasa negra en esos viejos comerciales. Los del costado nos apretujamos un poco más para salir del radar de los puñetes y un amigo comenta: "esos resentidos sociales..." aludiendo por supuesto a los peruanos del bando "más peruano" como los buscapleitos. Yo tengo mis dudas y pienso que no solo por coincidencia el logotipo del nuevo Perú tiene la P como los ojos de Condorito cuando está loco.

Felizmente, la feria de puñetes y patadas se mueve más para atrás mientras Smith canta despreocupado.

Acaba la trifulca y la mancha de grasa negra vista desde los palcos se cierra de nuevo. Todos felices otra vez. Al rato se reacomodan los Maldini a mi lado, un poco despeinados. Una de las chicas de ese grupo, medio alterada aún, quiere llevarse a su troupé más adelante y separarlos de la "chusma". Por supuesto no la tiene fácil, no porque la "chusma" ahora también pague entrada vip, sino porque demás está decir que cada espacio cerca del escenario ha sido conquistado con horas y horas de cola en la puerta y en algunos casos hasta con campamento de vereda.

Aún así, la chica logra conquistar posiciones adelante y quiere jalarse al resto del grupo. Un desconocido se opone y el chico Eisha más grandulón lo amenaza desde atrás con un "te vas a arrepentir ¿ah?, te vas arrepentir ¿ah?" apuntándole con el dedo.  Es ahí donde confirmo mis sospechas: los Maldini -y no los Gonzáles- son los chicos malos de esta historia.

Entonces, algo empinchado pienso que no he esperado a Smith ni a Gallup por tantos años para que un grupo de niñotes con poco afecto y mucha plata me agüe los planes. Así que decido asumir el papel de secretario de las Naciones Unidas y con una voz tipo la del hermano Pablo, me atrevo a decirle al grandulón que baje el dedo, (evito mirarlo mucho a los ojos, cosa que aprendí en un documental sobre Gorilas en Animal Planet) que acá todos hemos pagado mucha plata para disfrutar de la música y no de una pelea de box, que para pelearse está la calle y todas esas cosas que te diría tu mamá en una situación similar. Mi gente se altera un poco y piensa que me quiero ganar roches ajenos, me intentan jalar hacia ellos pero no me dejo y sigo. Mi boleto de la rifa "Gánate un Puñete" felizmente no sale sorteado. 
El grandulón parece haber recibido bien mi homilía al paso, y probablemente porque mi biotipo le hace parecerme más de su mancha que de la otra, o porque mi nuevo e inocente peinado raya-al-medio lo conmueve, termina calmándose y todo vuelve a tener paz.


Mi misión en la ONU ha funcionado y el cantante de The Cure puede seguir siendo felizmente dark para todos nosotros por las siguientes 3 horas: me debes una Roberto Pérez.

martes, 16 de abril de 2013

El Hombre de Humo de Vela



En 1987 tenía pintado el rostro de Robert Smith en el techo de mi cuarto con humo de vela. Mi abuela no quería levantar la cabeza porque le daba miedo verlo.  Por entonces, la música de The Cure nos sonaba como el soundtrack del invierno de Lima que a algunos se nos había metido hasta el alma. Ahí sospeché que tenía que haber alguna conexión especial entre el clima de esta ciudad y el de Londres, cosa que corroboré años después.

Muchos años antes muy lejos de Lima, en el tren de regreso a casa y luego de ver un concierto de rock, ese hombre de humo de vela había decidido dedicar el resto de su existencia a la música. Conoció a la mujer de su vida en el colegio cuando los juntaron para hacer un grupo de trabajo pero había decidido quitarse la vida antes de cumplir los 25 años. Probablemente el reciente éxito de su arte le hizo cambiar de opinión. Ser dark toda la vida no siempre es lo más sensato.

Fue en el video de The Caterpillar cuando vi por primera vez esa imagen mezcla de repulsiva, ingenua, terrorífica y seductora de Robert Smith que junto con su música formaba un todo poderosamente hipnótico y maravillosamente único.

Yo nunca me consideré gótico, ni dark, pero el look de Smith me enseñó a diferenciar lo que es vestirse como se debe y lo que es vestirse como se quiere; y además de eso, usar el aspecto físico como un manifiesto de protesta y de disconformidad con el pensamiento común. Sobre todo en épocas tan decadentes y a la vez complacientes como en los años 80.

Sin embargo, no soy fan de The Cure, ni me considero fan de nadie. El fan busca al artista para un autógrafo, colecciona sus discos con vehemencia, se sabe de antemado el setlist de los temas que va a tocar en el concierto. Yo no. No me interesa mucho el artista en sí ni el formato de su obra. Mi atención solo está al 100% en su obra misma y solo soy un enamorado de la música original y rompe-moldes que le sabe escupir a su tiempo; como fue la de Smith y compañía hace más de 30 años y por la que siempre tendrá mi aprecio. Lo demás es nostalgia y, aunque a veces parezca contradecirme, la nostalgia no sirve para nada más que para llorar, but boys dont´cry.

jueves, 11 de abril de 2013

Mujer y Perro Feo



Mujer y Perro Feo salen al parque a caminar entre los árboles. Parecen hechos de alambre y trapo.
Se eligieron la vez que se vieron por primera vez porque uno es el reflejo del otro. Da la impresión de que viven la vida porque no les queda otra cosa mejor que hacer. En ellos se nota mejor eso que dice que no elegimos venir al mundo, que nadie nos lo preguntó.
Los vi por primera vez una tarde fría de viento y garúa, parecía que llevaban el gris de Lima impregnado en el cuerpo y en el alma, que llevaban el invierno encima todo el año.
Mujer y Perro Feo caminan lento, con estoicismo, casi levitan. Dan la impresión de que nadie los espera en casa.
Perro Feo huele el pasto y la vereda, mientras Mujer mira la nada con mirada de vidrio.
No creo que tengan amigos, me gustaría pensar lo contratrio pero no creo que algún día los tengan. No los necesitan. Parecen espectros de una dimesión solitaria e incomprensible.
Mujer y Perro Feo están unidos físicamente por algo mucho más fuerte que una correa para perros. Es un cordón umbilical de ida y vuelta, como diseñado en una pesadilla de David Cronemberg. Si no fuera así, no necesitarían la correa que los hace parecer menos abandonados, menos olvidados. Si solo fuera una correa y de pronto se rompiera, ni Mujer ni Perro Feo escaparían el uno del otro. En absoluto. Mujer y Perro Feo se quedarían ahí , sin el alimento metafísico que ambos se dan, estáticos en el mismo sitio del parque.
Las palomas finalmente se posarían en sus cabezas chorreándole su caca blanca líquida, para darles finalmente ese aspecto solemne y a la vez profano que tienen las estatuas de los parques abandonados.
Ya es tarde, Mujer y Perro Feo se alejan hasta desaparecer en una esquina. El viento mueve los árboles.

lunes, 1 de abril de 2013

En qué momento se jodío el "tú"


Voy a la tienda por departamentos a buscar una bicicleta elíptica para el cumpleaños de mi esposa.  Algo desorientado mientras subo y bajo sobre escaleras automáticas llego por fin al sitio. Una joven vendedora enfundada en un licrado traje deportivo está rodeada de varias de esas máquinas. Me empiezo a mover entre los aparatos mirando además las tarjetas de precio que cuelgan desde los manubrios.
La chica no se me acerca a ofrecerme nada. Por el contrario, soy yo el que la busca. Quién entiende a esos vendedores, cuando no quieres que se te acerquen ellos te abordan, y cuando estás interesado en algo suelen ignorarte.
-Hola, ¿me puedes decir cuál es la diferencia entre este modelo y aquel?- le digo.
Ella me responde - Mira, ésta cuesta tanto y esta otra un poco más, pero es superior a esa porque bla bla su acabado bla bla tiene computadora bla bla bla no es enclenque como la de allá bla bla bla...- Como suele pasarme, me desconecto de sus palabras que ahora pasan a ser solo sonidos ininteligibles en mi cerebro, mientras me pongo a pensar en cómo será ella en el día a día. ¿Hará muchos ejercicios? ¿tendrá un novio fortachón y fisiculturista como parece sugerir el mundo en donde debe moverse? ¿comerá solo vegetales? Pero de todo lo que dice, hay algo que sí resuena a música en mis oídos: Y es que me trata de "tú". Osea que según su visión física y deportiva, yo debo parecerle todavía joven o al menos jovial. Estoy contento y ahora me reconecto a lo que me está diciendo.
La aeróbica y elíptica chica me explica que si fuera ella, eligiría tal modelo que como debes suponer es el más caro de los que se ofrecen. Su interés por venderme una marca determinada me hace mirarla diferente, con suspicacia. La hábil mujer, que sabe leer las miradas,  (¿qué mujer no sabe eso?) me dice que ella trabaja para una marca x, pero que conoce también de esta otra (su competencia), tratando de convencerme de su neutralidad de opinión. Yo la miro atento porque en cada tú que me da, siento que voy pedaleando esos aparatos a full velocidad sin cansarme. Estoy lleno de energía. Soy un chico Powerade en mis 20s.
Luego, me invita a subirme a una máquina y luego a otra para compararlas. No le acepto la invitación por algo de timidez, y de pronto, por un momento me trata de usted para luego volver al tú. Error en la matrix. Por instantes siento que tropiezo pedaleando sobre mi elíptica mental. Me repongo. Le digo que prefiero no subir a ningún aparato de esos porque la que busco no es para mí sino para otra persona, como regalo. 
Finalmente le digo que me llevo la duda y que volveré con una respuesta. Le agradezco y me devuelve una sonrisa con un - claro, piénsalo y me buscas-.
Escaleras automáticas más abajo, recuerdo que no le pregunté si el aparatejo lo puede armar en casa un inútil como yo o tiene que ir un técnico. Así que subo de nuevo y vuelvo donde la chica que ahora está sentada sobre una bicicleta estacionaria. Se le ve mejor: más aeróbica, más elíptica, más veggie, más ella, más encantadora, como esas mujeres de compañías de seguros que andan en moto.
Le hago esa nueva pregunta  y me responde - "Claro, usted la lleva desarmada y un técnico se la arma totalmente gratis. No se preocupe."
Ahora sí, el desarmado soy yo. Me trató finalmente de usted y no creo que en casa un técnico me vuelva a rearmar de nuevo tan facilmente. ¿Envejecí tanto en esos minutos en que dejamos de vernos? ¿Envejeció ella? ¿En qué momento se jodió el tú?

¿Tengo que escribir?


no sé. ¿Vale la pena?, menos lo sé. Pero para alguien que se ha pasado buena parte de su vida ganándosela a punto de escribir y quien también ha visto cómo la comunicación escrita, gracias a las nuevas tecnologías de redes sociales se ha convertido ahora más importante que nunca, escribir se me presenta ahora como una especie de método de catársis, liberación, intento de trascendencia y hasta de vana exhibición. 

Escribir hoy no significa Vargas LLosa ni Saramago. Escribir hoy significa esos putos y desesperantes repiqueteos de millones de dedos en donde hay la siniestra combinación ser humano - smartphone - señal. Escribir ahora es la voz que reemplazó a la voz y que con el emoticón reemplazó al gesto.
Probablemente dentro de poco, con las nuevas tecnologías volvamos a reemplazar la comunicación escrita por la oral, pero por lo pronto, quien escribe mal, quien no aprendió ortografía en el colegio porque la sentía inútil o quien "es mejor para las ciencias que para las letras", se expone ahora a los demás en las redes sociales como si saliera desnudo a la calle. ¿Es justo? 

Probabalemente sí lo sea. Escribir bien es un tema de respeto al otro. Así como intentas hablar "decorosamente" frente a las personas que aprecias y respetas, por respeto mismo, o por necesidad de aprobación, escribir bien se ha vuelto vital.
Una falta ortográfica en el Facebook o Twitter puede convertirte en poco menos que un primate frente a esa persona a la que intentas atraer (a menos que esa persona también escriba mal).
Aún así vuelvo a preguntarme: ¿es justo?

No quiero decir que yo escriba mejor. A veces se me escapan errores graves y signos por culpa del descuido. Pero sí puedo decir que escribo mejor de lo que hablo. Puedo convencer mejor con una página de word o un email que con un improvisado floro oral. Así que lo merezca o no, me han dado ganas de escribir otras cosas además de frases publicitarias bonitas.
Probablemente no esté haciendo nada nuevo para mí, la única diferencia sería que he decidido que ahora la imaginación y el teclado se pongan a copular libremente, enfrente de la gente que quiera verlos copular. Algunas veces de forma torpe e inútil y otras... probablemente también. 

Bienvenido.