lunes, 1 de abril de 2013

En qué momento se jodío el "tú"


Voy a la tienda por departamentos a buscar una bicicleta elíptica para el cumpleaños de mi esposa.  Algo desorientado mientras subo y bajo sobre escaleras automáticas llego por fin al sitio. Una joven vendedora enfundada en un licrado traje deportivo está rodeada de varias de esas máquinas. Me empiezo a mover entre los aparatos mirando además las tarjetas de precio que cuelgan desde los manubrios.
La chica no se me acerca a ofrecerme nada. Por el contrario, soy yo el que la busca. Quién entiende a esos vendedores, cuando no quieres que se te acerquen ellos te abordan, y cuando estás interesado en algo suelen ignorarte.
-Hola, ¿me puedes decir cuál es la diferencia entre este modelo y aquel?- le digo.
Ella me responde - Mira, ésta cuesta tanto y esta otra un poco más, pero es superior a esa porque bla bla su acabado bla bla tiene computadora bla bla bla no es enclenque como la de allá bla bla bla...- Como suele pasarme, me desconecto de sus palabras que ahora pasan a ser solo sonidos ininteligibles en mi cerebro, mientras me pongo a pensar en cómo será ella en el día a día. ¿Hará muchos ejercicios? ¿tendrá un novio fortachón y fisiculturista como parece sugerir el mundo en donde debe moverse? ¿comerá solo vegetales? Pero de todo lo que dice, hay algo que sí resuena a música en mis oídos: Y es que me trata de "tú". Osea que según su visión física y deportiva, yo debo parecerle todavía joven o al menos jovial. Estoy contento y ahora me reconecto a lo que me está diciendo.
La aeróbica y elíptica chica me explica que si fuera ella, eligiría tal modelo que como debes suponer es el más caro de los que se ofrecen. Su interés por venderme una marca determinada me hace mirarla diferente, con suspicacia. La hábil mujer, que sabe leer las miradas,  (¿qué mujer no sabe eso?) me dice que ella trabaja para una marca x, pero que conoce también de esta otra (su competencia), tratando de convencerme de su neutralidad de opinión. Yo la miro atento porque en cada tú que me da, siento que voy pedaleando esos aparatos a full velocidad sin cansarme. Estoy lleno de energía. Soy un chico Powerade en mis 20s.
Luego, me invita a subirme a una máquina y luego a otra para compararlas. No le acepto la invitación por algo de timidez, y de pronto, por un momento me trata de usted para luego volver al tú. Error en la matrix. Por instantes siento que tropiezo pedaleando sobre mi elíptica mental. Me repongo. Le digo que prefiero no subir a ningún aparato de esos porque la que busco no es para mí sino para otra persona, como regalo. 
Finalmente le digo que me llevo la duda y que volveré con una respuesta. Le agradezco y me devuelve una sonrisa con un - claro, piénsalo y me buscas-.
Escaleras automáticas más abajo, recuerdo que no le pregunté si el aparatejo lo puede armar en casa un inútil como yo o tiene que ir un técnico. Así que subo de nuevo y vuelvo donde la chica que ahora está sentada sobre una bicicleta estacionaria. Se le ve mejor: más aeróbica, más elíptica, más veggie, más ella, más encantadora, como esas mujeres de compañías de seguros que andan en moto.
Le hago esa nueva pregunta  y me responde - "Claro, usted la lleva desarmada y un técnico se la arma totalmente gratis. No se preocupe."
Ahora sí, el desarmado soy yo. Me trató finalmente de usted y no creo que en casa un técnico me vuelva a rearmar de nuevo tan facilmente. ¿Envejecí tanto en esos minutos en que dejamos de vernos? ¿Envejeció ella? ¿En qué momento se jodió el tú?

1 comentario:

El Gran Sudaca dijo...

Al comienzo creyó que eras joven; te igualó a ella. Pero como no quisiste subir a probar la bicicleta, sudar, resoplar un poco (o no quisiste ponerte el símbolo Jungiano de juventud con que ella te estaba invistiendo de entrada), eso tuvo para ella el mismo olor a viejo que hacía que Bart renegara del abuelo Simpson, y te chantó el usted a perpetuidad.