viernes, 19 de abril de 2013

-Yo soy post punk, - yo soy pof! pum!




Estábamos en una posición inusualmente cercana al escenario, a pesar de haber llegado casi a la hora que indica el boleto. El Estadio Nacional provoca mucho orgullo al mirarlo desde adentro, hasta casi me dan ganas de que me guste el fútbol, lo que ya es bastante. 

Había un variopinto público. Yo tenía a los míos a mi izquierda, y a mi derecha a un grupito de chicos y chicas con un look medio desubicado para el concierto de una banda post punk. Un look algo hiperproducido como para discoteca de Eisha. Podría asegurar que venían con entradas de cortesía y que si las estrellas de esa noche fueran The Cure, Tongo o una banda coreana de adolescentes, les daría absolutamente lo mismo.

Se apagan las luces. Empieza el concierto, la ovación es inmensa, me emociono como casi todos. Entre el humo de colores, Robert Smith, con el aspecto de una vieja que regresa a casa luego de una noche de farra, aparece y empieza a rasguear las notas de Open en su preciosa guitarra. El público vibra más. Hasta ahí todos felices.

De pronto a mi lado se desata el pogo. -¡Qué gente más punky!- pienso -hacer pogo con una canción tan suave...-  hasta que me doy cuenta de que no se trata de uno de mis bailes preferidos de los 80s, sino de una repartija de combos y patadas entre los chicos Eisha y un grupete del tipo racial más común de peruanos. Pitucos versus chacalones, Maldinis contra Gonzáles.

Tras ellos, la gente abre un hueco en la cancha que se vería desde los palcos como cuando caía una gota de detergente líquido sobre una olla de grasa negra en esos viejos comerciales. Los del costado nos apretujamos un poco más para salir del radar de los puñetes y un amigo comenta: "esos resentidos sociales..." aludiendo por supuesto a los peruanos del bando "más peruano" como los buscapleitos. Yo tengo mis dudas y pienso que no solo por coincidencia el logotipo del nuevo Perú tiene la P como los ojos de Condorito cuando está loco.

Felizmente, la feria de puñetes y patadas se mueve más para atrás mientras Smith canta despreocupado.

Acaba la trifulca y la mancha de grasa negra vista desde los palcos se cierra de nuevo. Todos felices otra vez. Al rato se reacomodan los Maldini a mi lado, un poco despeinados. Una de las chicas de ese grupo, medio alterada aún, quiere llevarse a su troupé más adelante y separarlos de la "chusma". Por supuesto no la tiene fácil, no porque la "chusma" ahora también pague entrada vip, sino porque demás está decir que cada espacio cerca del escenario ha sido conquistado con horas y horas de cola en la puerta y en algunos casos hasta con campamento de vereda.

Aún así, la chica logra conquistar posiciones adelante y quiere jalarse al resto del grupo. Un desconocido se opone y el chico Eisha más grandulón lo amenaza desde atrás con un "te vas a arrepentir ¿ah?, te vas arrepentir ¿ah?" apuntándole con el dedo.  Es ahí donde confirmo mis sospechas: los Maldini -y no los Gonzáles- son los chicos malos de esta historia.

Entonces, algo empinchado pienso que no he esperado a Smith ni a Gallup por tantos años para que un grupo de niñotes con poco afecto y mucha plata me agüe los planes. Así que decido asumir el papel de secretario de las Naciones Unidas y con una voz tipo la del hermano Pablo, me atrevo a decirle al grandulón que baje el dedo, (evito mirarlo mucho a los ojos, cosa que aprendí en un documental sobre Gorilas en Animal Planet) que acá todos hemos pagado mucha plata para disfrutar de la música y no de una pelea de box, que para pelearse está la calle y todas esas cosas que te diría tu mamá en una situación similar. Mi gente se altera un poco y piensa que me quiero ganar roches ajenos, me intentan jalar hacia ellos pero no me dejo y sigo. Mi boleto de la rifa "Gánate un Puñete" felizmente no sale sorteado. 
El grandulón parece haber recibido bien mi homilía al paso, y probablemente porque mi biotipo le hace parecerme más de su mancha que de la otra, o porque mi nuevo e inocente peinado raya-al-medio lo conmueve, termina calmándose y todo vuelve a tener paz.


Mi misión en la ONU ha funcionado y el cantante de The Cure puede seguir siendo felizmente dark para todos nosotros por las siguientes 3 horas: me debes una Roberto Pérez.

3 comentarios:

Jaime Eduardo Gallegos Castillo dijo...

De PM infoxícame querido Rolo, te mando un abrazo ( otras cosas no puedo) desde Huánuco, por ahí nuestro pata Micky Casafranca sabe! JAAAAAAAA. Jaime Gallegos.

Anónimo dijo...

Los Roberto Quispe vs Los Robert smith

Rolo Roncallo dijo...

mi querido Chuchu, otro abrazo para ti. Ojalá nos podamos ver pronto. No eches al bueno de Micky así que me imagino que tú has sido su guía por el Lado Oscuro de esa zona, :)