viernes, 31 de mayo de 2013

De Puño y Letra



Es sabido que una vez el escritor Vargas Llosa le metió un puñete a su colega García Márquez por coquetear a su mujer y que el puñete nunca fue devuelto, probablemente por sentirse bien merecido de ambos lados. Por eso no se puede decir que entre ellos haya otro puñete pendiente como una deuda impaga o un capítulo no cerrado aún. 


Es un puñete que, como tanto puñete, nació del impacto de una mano cerrada y un cachete desprevenido, para terminar en el escándalo primero y en el silencio después.



Y todos también sabemos que así como hay puñetes Nobel, culturosos, intelectuales, universitarios, de autor; también hay los profanos, los de calle, los de puños sucios; esos que nos llueven a veces porque los buscamos o porque simplemente nuestro cuerpo se interpuso en el camino de un puño apurado; esos puñetes que nadie eterniza porque se dan todos los días entre anónimos y repentinos peleadores.



Aún recuerdo el día en que llegué del kindergarten a mi casa con mi primer puñete en el ojo. Mi abuela, aterrada e indignada, vio que el azul de uno de mis ojos se había extendido en el párpado, convirtiéndome en algo así como un medio-osito-panda digno de burlas.


Lo extraño es que nunca hice nada para recibir ese puñete (ni para devolverlo). No sólo no lo merecía sino que seguro vino a mí por error. No lloré a mis 4 ó 5 años porque más me llamó la atención el absurdo del caso que la humillación del caso. Mi abuela se quedó con la idea de que alguna pelea tuve y que ojalá el otro se haya llevado la peor parte. 


No le conté ninguna historia de triunfo ni derrota al respecto porque simplemente esa historia empezó y terminó con el puñete aquel.



Pero también recuerdo el rostro furioso del niñote de pelo rubio lacio que me lo dió no sé por qué.

Pocos son los que tienen caras que invitan al puñete así por así y no creo que la mía sea de aquellas. Así que ese puñete, a diferencia del de Vargas Llosa y García Márquez, tiene otro de regreso pendiente. 

Voy a ir a mi kindergarten treintaitantos años después para pedir el nombre de ese abusivo del año superior y luego de buscarlo en el Facebook lo buscaré en vivo y le devolveré el puñete como se debe.



Felizmente la vida hasta ahora ha sido buena conmigo y me conservo, arrugas más arrugas menos, fuerte y musculoso gracias a mis constantes ejercicios físicos. No. Miento. No soy musculoso pero tampoco soy el niño debilucho del que se aprovechó (o con el que se confundió) ese niñote puñetero.


Lo más probable es que ahora ese cuarentón debe ser grandote pero con serios problemas de sobrepeso y autoestima, luciendo una horrible camisa sudorosa tras una jefatura agresiva en alguno de esos edificios tan agresivos y tan plateados de mi ciudad. 
O tal vez el tipo más bien vio la luz y ante una infancia desdichada y abusiva decidió convertirse en un servidor de Cristo y ahora es más bueno que Webster, aquel niñito afroamericano de esa aburrida serie de TV de los ochentas.



¿Qué hago? distinguido lector o lectora, ¿lo busco a ese desubicado y le cobro la deuda o hago mutis como García Márquez?. Ya sé: voy a hacer lo que García Márquez hizo a Vargas Llosa, pero al revés. Primero recibí el puñete, ahora voy a coquetear a su mujer.



Ojalá no más que su mujer sea digna de un buen coqueteo. Ya les contaré.

1 comentario:

Anónimo dijo...

... si vas y le coketeas a su mujer (como garcia marquez lo hizo ) lo mas probable es k el proximo puñete venga de tu mujer ... saludos rolo