miércoles, 5 de octubre de 2016

El Hueco de la Donut


Al igual que la reflexión sobre el inútil vacío que viene incluido en una copa de vino llena a medias y que uno paga sin desearlo, también vale la pena reflexionar sobre el hueco de las donuts.

Cuando compras una donut, compras también el hueco. Ese hueco  que no te sirve de nada porque si miras a través de él, simplemente está el otro lado, igual, como si lo vieras desde cualquier otro sitio, sin ningún misterio ni la promesa de un posible mundo mágico sabor a donut que sería la delicia de los niños y las gordas golosas.

Cuando compras una donut, estás también pagando por ese vacío, igual que el vacío de la copa de vino. Y eso a todas luces también es un robo. Por eso pienso que los fabricantes más famosos de donuts, llevados por sentimientos de culpa incontenibles, suelen incluir entre su gama de donuts, algunas que no contengan este hueco. Donuts que siguen siendo donuts incluso en el centro.
Estas donuts sin hueco sirven, no solo para expiar sus culpas, sino también para evitar la reacción de un posible movimento mundial de protesta por el robo que nos han estado haciendo durante tantos años al vendernos esos inútiles huecos junto con nuestras donuts.

Pero esas ocasionales donuts sin hueco nunca serán un elemento distractor para gente pensante como usted y yo, amable lector, que vamos siempre un poco más allá de nuestros similares enganchados a la maquinaria del consumismo puro e irracional.


(in)utilidad filosófica:  
La pregunta que ha deshecho la cabeza de filósofos de todas las latitudes hace ya varios años sobre esto y sin una respuesta aún que pueda aceptarse mayoritariamente, es la relacionada con la desaparición del hueco de la donut al comérnosla.
¿Qué pasa cuando te has comido la donut? ¿También te comiste el hueco?
Mi respuesta sería contundente: No, ¡porque el hueco no se come! ¡Es imposible! ¡No tiene materia ni sabe rico!

Cuando nos comemos la donut, en verdad simplemente nos comemos el marco de ese hueco. Cuando la primera mordida llega a abrir por un costado el hueco, lo estamos integrando al resto del cosmos. Estamos ampliando ese hueco hasta que terminamos con la donut y entonces hemos integrado el hueco al todo.
Y ya no sabemos qué parte de ese todo que nos rodea es hueco y qué no lo es porque no lo podemos notar.

(in)utilidad científica: 
Hay científicos que inspirados en estas extrapolaciones mentales proponen utilizar la hipótesis del hueco de la donut para ir más allá en la exploración de los viajes que nos permitan llegar a distancias impensadas en el tiempo y el espacio.
Para esto, son conocidos los llamados agujeros de gusano (o puentes de Einstein-Rosen), que hipotéticamente son atajos a través del tiempo y el espacio. Estos agujeros serían tan pequeños que atravesar materia relevante por ellos se haría imposible, mucho menos atravesar un cuerpo humano.
¿Pero qué tal si fabricáramos nuestros propios agujeros de gusano en la medida suficiente para poder atravesarlos?
Por eso la ciencia moderna recurre a la hipótesis de las donuts: si las donuts tienen agujeros que terminan fundiéndose en el espacio y necesitamos agujeros de gusano y no de donuts, entonces hagamos donuts de gusanos.

De aquí los hombres de ciencia pasan a aspectos más funcionales: ¿Cuántos gusanos necesitamos para fabricar una donut lo suficientemente grande para que un humano pueda atravesar su agujero y viajar en el tiempo/espacio? ¿Qué pasaría más bien si algún ser peligroso para la humanidad aprovechara ese portal para pasarse más bien hacia este lado y destruirnos a todos? ¿Podríamos detenerlo con nuestra actual tecnología? ¿Tenemos temponautas preparados y dispuestos a vivir la aventura como el personaje de Matthew McConaughey en la (un poco sobredimensionada) película “Interstellar”?

No hay comentarios: